Debo comenzar diciendo que fue una experiencia nueva, que me dejo un buen sabor de boca en general.
La realidad es que no disfruté todas las
lecturas, pero sí la mayoría.
Creo que así nos pasó a todos, pues es obvio que
cada quien tiene un género preferido para leer; sin embargo, algo que aprendí y
aprecié de la dinámica, fue precisamente este asunto de escuchar y comprender
lecturas a la cuales no tenemos acceso, ya sea por desconocimiento o por
disgusto.
A pesar de los inconvenientes que se presentaron
en algunas de las clases, como el compañero(a) que no leía bien, o el que
eligió la lectura más compleja o aburrida del mundo, creo que el resultado fue
bueno.
Nos dimos el tiempo de escuchar, imaginar y
plasmar en papel todo lo que llegó a nuestras mentes y después de todo ese era
el objetivo.
Si pudiera hacer algún cambio o modificación en
la dinámica, sería que desde un principio se midiera el tiempo de lectura de
cada uno, pues si bien es cierto que algunos no leyeron los 20 minutos
establecidos, hubo quienes se excedieron casi el doble de tiempo y hasta
llegaron a fastidiar. Otra cosa que quizá sería de utilidad, es que hubiera un
descanso de unos minutos entre cada lectura. Algo que pude notar fue que algunos
al querer concluir rápidamente las ilustraciones de las lecturas conforme iban
pasando, dejaban de prestar atención al compañero siguiente.
No hay que olvidar que somos jóvenes, inquietos,
distraídos, y que muy difícilmente permanecemos concentrados por largos periodos
de tiempo. Bueno, por lo menos así lo considero yo.
Más allá de esos detalles, diré que la dinámica
me gustó. No puedo decir que amé todas las clases, ni mucho menos todas las
lecturas, pero sí, que aprendí a escuchar, que conocí nuevos géneros
literarios, y que hasta tengo ya una lista de libros que espero poder comprar para
leer próximamente.
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